24 enero 2011

Hoy ha sido la primera vez que he ordenado mi habitación desde que llegué a Barcelona, ha sido interesante, como un paso atrás en el tiempo. He encontrado 8 fosforetas azules que funcionan, y más de otros colores (que desperdicio de fosforescencia). También he encontrado dos calculadoras, 5 cajas de clips (pero creo que algunos ya venían con la casa), una bolsa llena de cables, pájaros y aviones de papiroflexia, guantes, bufandas, camisetas, apuntes...

Pero lo que más me ha impresionado ha sido encontrarme un reloj que llevaba a principios de segundo. No ha sido el reloj en sí como cosa que se pone en la muñeca, sino las manecillas, que seguían girando, y marcaban correctamente las 10 y 15... me ha entrado por dentro una de esas sensaciones que te dan cuando te das cuenta de que el tic-tac es real... no sé, ha sido como si estuviese volando y una mano gigante me cogiese, me estirase hacia la realidad y me estrellase sin ningún tipo de contemplación, y además elegantemente.

El reloj con sus manecillas, cabrón, lo que ha hecho.

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